A la hora de interactuar con la tierra no debemos olvidar que se trata de un organismo vivo y como tal va cambiando y evolucionando a lo largo del tiempo. Su comportamiento y necesidades serán distintos según las condiciones climáticas y todos los demás factores que influyen sobre ella. A la hora de cultivar es muy importante la observación. Un buen agricultor debe observar los hechos que van aconteciendo en el huerto y aprender así de la tierra, de las plantas, de los insectos y en general de todas las relaciones que se dan en este ecosistema.

Las experiencias en el huerto pueden ser muy diversas dependiendo del año en cuestión y de las condiciones climáticas del mismo, si bien, hay una tendencia en el comportamiento de la tierra y los organismos según las estaciones y los meses, aunque siempre habrá variaciones. Esto nos lleva a poder predecir las labores a realizar cada mes, siempre sujetas a la lógica y la observación de la situación una vez llegado el momento.

A continuación se dan unas pinceladas del comportamiento del huerto según las estaciones y más adelante se concretarán acciones a realizar en este según los meses, siempre desde la premisa de que el huerto se encuentre en el hemisferio norte, en el caso de que se encontrase en el hemisferio sur todos estos datos variarían.

La primavera

Es una estación clave para el huerto. Las plantas comienzan a activarse después del letargo invernal. Por otra parte, la mayoría de las hortalizas tienen su periodo óptimo de siembra en esta estación. La siembra puede ser directamente en la tierra o en semilleros. Una vez que las plántulas han crecido se realizarán acolchados con paja, ya que esta época también es propicia para la colonización del terreno por plantas competidoras, por lo que el acolchado puede ser solución a este problema, además de propiciar que se eleve la temperatura del terreno y se retenga agua. Habrá que tener cuidado con los pulgones que pueden atacar a los brotes tiernos y con las babosas y pulgones en el caso de que se trate de una primavera lluviosa. En primavera también se construirán las estructuras de entutorado de algunas hortalizas como los tomates y las judías.

El verano

Es la estación donde se cosechan la mayoría de las hortalizas, habrá que elegir bien el momento de recolección y evitar que se produzca el espigado de algunas plantas, a no ser que lo que queramos sea obtener semillas. En esta estación habrá que prestar especial atención al riego, ya que son escasas las precipitaciones. El calor también propiciará la aparición de plagas, por lo que tendremos que ser observadores y en el caso de proliferación excesiva de algún insecto atajar la situación lo antes posible, intentando controlar la situación con insecticidas naturales o repelentes del insecto en cuestión. A finales de verano se plantarán algunas especies cuya cosecha es en otoño. En el caso de que se produzcan excedentes de cosecha, tendremos que tener un plan de venta de estos productos o realizar conservas, evitando que estos excedentes se echen a perder.

El otoño

Debido a la bajada de temperaturas, la actividad es el huerto se ralentiza. En climas más templados todavía cosecharemos algunas hortalizas de las que plantamos en primavera. Se prepararán los cultivos invernales y se dedicará más tiempo a las labores de la tierra. Se siembra el abono verde en las parcelas que hayan quedado libres.

El invierno

Es la estación donde menos actividad hay en el huerto, dependiendo también del clima, en zonas cálidas seguirá habiendo algo de actividad. En este mes se prestará atención a la tierra, en zonas sin cultivar se acolchará con paja o con mantillo negro para aumentar la temperatura del terreno. Es una buena época para evaluar las experiencias que hemos tenido en el huerto y proyectar un plan de cultivo de cara a la primavera.

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