El cultivo del huerto en secano ha sido una práctica habitual en la agricultura tradicional. Permite el cultivo sin riego de algunas especies propias del regadío como tomates, melones o sandías. Es una forma de adaptarse a un clima con lluvias escasas en verano, aprovechando las de las épocas invernales y primaverales de tal forma que pasen a disposición del cultivo más tarde.

Requiere de unas sencillas prácticas que se llevan a cabo en tierras con unas condiciones determinadas. Cuanto más se acerque nuestro suelo a éstas mayor será el éxito de la técnica.

El tipo de suelo es importante, necesitamos tierra franca o ligeramente arenosa y profunda, no menos de 50 cm. Desde el otoño se realizan labores para conseguir la mayor permeabilidad posible y a la vez evitar la evaporación, rompiendo la costra superficial cada vez que llueve.

Los cultivos se plantan más separados que los cultivos de regadío y no se elevan en el terreno con surcos o caballones.

Se realizan unos hoyos a finales de invierno en los que se deposita en el fondo compost cuyo objeto será además de alimentar a la planta retener la humedad. Se tapa ligeramente con tierra. Posteriormente se hará el trasplante de tomate o la siembra de sandía o melón. En la siembra es el único momento en el que se añade agua suficiente para que agarre. Se irá aporcando tierra poco a poco. Por último se realiza un acolchado bien con paja o hierbas arrancadas alrededor de cada mata. No se entutoran.

Conviene usar semillas que provengan de cultivo de secano. Si esto no es posible podemos probar con las que tengamos hasta que encontremos la que mejor se adapte a esta forma de cultivo.

Una vez establecidas hay que resistir la tentación de regar. Estos cultivos habrán desarrollado un buen sistema radicular que les permitirá profundizar y buscar agua en el subsuelo. Solo tendremos que ir quitando la hierba que salga a su alrededor y mantener el acolchado.

A diferencia de lo que ocurre en regadío cuando no se maneja adecuadamente el riego en la fase de floración, la cuaja del tomate en estas condiciones es sorprendente. También cabe destacar que apenas hay ataques de araña roja lo que nos lleva a pensar que en condiciones de regadío puedan ser provocados por una mala gestión del mismo.

Como las concentraciones de agua en el fruto son menores se ensalzan los sabores y aromas mejorando su conservación. Sin duda es una práctica que hay que recuperar para aumentar la sostenibilidad de nuestra horticultura.

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